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Una vez más, Lisboa demuestra su capacidad para absorber lo emergente sin diluir su identidad. La apertura del MACAM (Museo de Arte Contemporáneo Armando Martins) se inserta con naturalidad en un tejido cultural que ha ganado densidad en la última década. Con su modelo híbrido y audaz centrado en la figura del coleccionista, este contenedor cultural se suma a la visión arquitectónica y conceptual del MAAT, a la profundidad histórica del CAM-Gulbenkian, a la atención al diseño del MUDE y a la programación del Centro Cultural de Belém y su Museo de Arte Contemporáneo. Se inscribe además en el marco del Lisbon Art Weekend, un programa que conecta instituciones, galerías y públicos en una escena cultural en continuo proceso de cohesión.

Ubicado en el Palácio Condes da Ribeira Grande, entre Alcântara y Belém, e inaugurado en marzo de 2025, el MACAM ha conseguido desarrollar una intervención arquitectónica que rehúye la nostalgia sin renunciar a una continuidad crítica que enlaza herencia y contemporaneidad. A esa inteligencia espacial se suma un concepto singular: la convivencia del museo con un hotel de cinco estrellas, una hibridación que en Europa rara vez alcanza coherencia convincente. El resultado es una ecuación estructural que aspira a sostener un programa capaz de convocar a públicos diversos sin sacrificar el rigor, al tiempo que ensaya nuevas formas de colaboración entre lo privado y lo público.

La Colección Armando Martins, eje vertebrador del museo, traza un recorrido que abarca desde finales del siglo XIX hasta la creación contemporánea internacional de hoy en día. La exposición permanente, comisariada por Adelaide Ginga y Carolina Quintela, propone una lectura a dos tiempos que conecta genealogías artísticas, tensiones formales y preocupaciones políticas, situando el contexto portugués en diálogo constante con la escena global.

En ese marco conviven piezas del arte moderno y contemporáneo portugués junto a voces internacionales que enriquecen un relato plural. El ala izquierda del palacio está reservada al arte portugués del siglo XX y XXI, con obras de Paula Rego, María Helena Vieira da Silva, Ângelo de Sousa, Júlio Pomar, José Pedro Croft, José de Almada Negreiros, Pedro Cabrita Reis y Lourdes Castro. Enfocada en las preocupaciones estéticas del presente, la otra ala permanente alberga piezas de artistas internacionales como Marina Abramović, Thomas Struth, Olafur Eliasson, Elmgreen & Dragset, Isa Genzken y Dan Graham.

El núcleo conceptual del MACAM es tan ambicioso como su arquitectura. Bajo el lema The House of Private Collections, el museo nace de la voluntad del coleccionista portugués Armando Martins de compartir su acervo de más de 600 obras y, al mismo tiempo, de abrir el espacio a otras colecciones privadas. La primera concreción de esta política curatorial se materializa en la exposición «Entre a Palavra e o Silêncio», que hasta junio presenta al público la colección de José Carlos Santana Pinto. La curaduría de Adelaide Ginga subraya así el compromiso del MACAM con el diálogo y la puesta en valor de perspectivas curatoriales heterogéneas. La otra muestra temporal es «The Self as Multiple» (hasta el 4 de mayo), que engloba obras de artistas portugueses e internacionales que cuestionan, desde distintas prácticas contemporáneas, las nociones de cuerpo, identidad y percepción.

El proyecto se apoya en un segundo pilar: la condición de museo-hotel, que combina bajo un mismo techo histórico un museo privado y un hotel de cinco estrellas. El MACAM Hotel, con sus 64 habitaciones, extiende la experiencia artística más allá de las salas expositivas. La arquitectura, a cargo del estudio MetroUrbe, resuelve con elegancia el delicado equilibrio entre la preservación del palacio del siglo XVIII y la incorporación de un edificio independiente.

Ese espacio anexo, conectado al palacio a través de un jardín interior, concentra la programación temporal del museo. Revestida con azulejos tridimensionales de Maria Ana Vasco Costa, la fachada de la nueva extensión —reconocida con un premio internacional de diseño de superficie arquitectónica en 2024— reinterpreta la tradición portuguesa desde un lenguaje contemporáneo consistente. El complejo se completa con cafetería, restaurante, biblioteca, terrazas y una capilla restaurada que alterna funciones de bar y galería de arte.

Con el MACAM, Lisboa suma una institución que amplía y densifica su ecosistema artístico sin duplicar discursos. El museo se inserta en la red existente y aporta una estructura estable que refuerza la posición de Lisboa como ciudad donde convergen patrimonio, arte contemporáneo, hospitalidad y gestión cultural ambiciosa

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