MMMAD 2026: el algoritmo sale a la calle y viene con ganas de morder
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Madrid vuelve a convertirse en laboratorio expandido con MMMAD 2026, el festival que lleva años cartografiando las fricciones entre arte digital, espacio urbano y cultura contemporánea. Del 16 al 26 de abril, su séptima edición bajo el lema Condiciones de Uso se despliega como una red de intervenciones, exposiciones y performances que ocupan y reprograman simbólicamente la ciudad. Entre perros robóticos, pantallas y prisiones neuronales, la cita invita a cuestionar quién domina a quién en este tablero de juego hipermediado.
Cuerpos, sistemas y tensiones digitales
El MMMAD ya no se limita a mostrar arte digital, sino que ensaya formas de habitar el presente desde lo tecnológico. Y lo hace sin caer en el fetichismo de la innovación por la innovación, sino planteando cuestiones espinosas sobre vigilancia, identidad, memoria o deseo en entornos mediados por máquinas. El programa aborda la manera en que cuerpos, tecnologías y ecologías se configuran mutuamente dentro de estructuras complejas que determinan cómo vivimos, nos movemos y percibimos la realidad actual.
El componente inmersivo del evento encuentra su máxima expresión en Réplika Teatro. En ese epicentro de la vanguardia sonora y visual, Osmotic Bodies de Tadej Droljc propone una performance en la que láser, luz y sonido colisionan hasta desdibujar los límites entre bit y fotón. En paralelo, Neuroprison de Robert B. Lisek se sirve de un panóptico digital donde el público, equipado con sensores biométricos, alimenta a una IA en tiempo real. Sus microexpresiones y niveles de estrés activan una arquitectura que muta según esos datos, transfigurando la vigilancia predictiva en una experiencia participativa tan estimulante como perturbadora. Destaca también H(a)unting Songs de Tulio Rosa, que parte de fragmentos corales de la ópera Il Guarany para redefinirlos en un campo polifónico en el que intérpretes humanos y mecanismos de inteligencia artificial se entrelazan.
Otras propuestas del programa como CAN I PET THAT DAWG? de Paco Ladrón de Guevara e Irene Molina introducen en el centro GAVIOTA un giro irónico y pop. En su propuesta escénicautilizan un robot cuadrúpedo (Unitree Go2) para materializar la tensión entre el ser humano y la máquina. A través de una coreografía que difumina las fronteras del afecto y el poder, la pieza cuestiona la construcción actual de las redes de cuidado en espacios condicionados por la tecnología, a la vez que evidencia la integración de dispositivos nacidos en contextos bélicos en la vida cotidiana bajo una apariencia cute. El resultado apunta a una ilusión de afecto que encubre dinámicas de control en una posmodernidad tan seductora como agresiva.
Estéticas de la vigilancia y el contrato digital en la ciudad
Pero el MMMAD no solo ocurre en salas: su verdadero campo de batalla es la calle. En esta entrega, esa vocación se intensifica con su ya mítica open call «arte digital en la ciudad». Más de 300 pantallas de Clear Channel dejan de vender perfumes para transformarse en lienzos digitales de diez segundos que sustituyen la lógica publicitaria por intervenciones artísticas. En el espacio público también se desarrollan ejecuciones como Light in the Dark de Paloma Madrid y Vicky Leaks.
Por medio de biofeedback que traduce las señales de las plantas en sonido, la obra ensambla danza, tecnología y ecología en un mismo ecosistema, mientras que Límite de Parafeno y Ashes to Ashes de Marika Hedemyr abren otras líneas de exploración en torno a la subjetividad, el legado y nuestra relación con escalas —digitales o planetarias— que nos exceden. Por último, la exposición de Candela Capitán en Nave Sierra desliza una dimensión performativa que conecta cuerpo y entorno desde una perspectiva coreográfica, al tiempo que desmenuza cómo la hiperconectividad regula nuestros deseos y deja al descubierto la lógica de la autoexplotación. Sus obras funcionan como partituras de resistencia, donde el cuerpo femenino se mide con la saturación y el control estético.
Más allá de la mera exhibición técnica, el festival se adentra en las implicaciones políticas de la interfaz. Con un programa que incluye desde encuentros profesionales sobre tecnologías escénicas hasta intervenciones de realidad aumentada, esta edición se postula como la más política y matérica hasta la fecha. Durante diez días, Madrid trasmutará en un espejo de nuestras propias dependencias tecnológicas, apremiándonos a revisar, quizás por primera vez con atención, los términos y condiciones de nuestra propia existencia.
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