La mentira educada del retrato de Erwin Olaf en el f³ – freiraum für fotografie de Berlín
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El rostro humano suele ser una máscara pulida para el consumo ajeno. Retratar es mentir. Bajo esa premisa implícita de simulacro defensivo, la muestra «Muses» que el f³ – freiraum für fotografie de Berlín dedica a Erwin Olaf (1959-2023) hasta el 6 de septiembre propone una aproximación al género que rehúye deliberadamente la pomposidad comercial típica del fotógrafo neerlandés, pero que tampoco se molesta demasiado en disimular su artificialidad.
Cara a cara con la construcción del yo
El rostro es lo que ocultamos, no lo que mostramos. Partiendo de esa tesis, las comisarias Nadine Barth y Katharina Mouratidi decidieron prescindir de los grandes tableaux cinematográficos que hicieron célebre a Olaf y quedarse el cara a cara sin la tramoya.
Erwin Olaf construye su lenguaje estético hurgando en la historia del arte. En el cine, mira hacia los autores italianos de los setenta. Pasolini, Visconti y Fellini le enseñaron a construir personajes atrapados en su propia representación, una lección estética útil para perfeccionar el blindaje de sus máscaras fotográficas. En la pintura, la deuda con los maestros holandeses es fundamental en el tratamiento de la luz y la atmósfera. Olaf admite que convierte las obras de Rembrandt y Vermeer en fotografía. Esa tradición se extiende a Hopper y su pintura de la soledad moderna. En la fotografía, sus referentes son Robert Mapplethorpe y Helmut Newton, dos maestros del cuerpo como objeto estético, y del retrato como territorio de poder, a los que un servidor sumaría la influencia de un Gregory Crewdson de andar por casa, en sus producciones con mucho humo y misterio en medio del follaje boscoso.
El recorrido comienza con un puñado de fotografías en blanco y negro de los años setenta y ochenta. Hombres de la escena gay neerlandesa, activistas, drag performers, cuerpos que la sociedad del momento se esforzó en ignorar. Marcados por el estigma del VIH, la censura y una moral conservadora, estos retratos colectivos eran ya entonces sin saberlo una nueva forma de representación queer: segura de sí misma, sensual, melancólica y política. Series como Ladies Hats juegan con los códigos de género y la actitud corporal, en unas imágenes con el peso de un acto político disfrazado de acción estética, un tanto sobreactuada.
La paradoja del retrato íntimo de Erwin Olaf
Erwin Olaf trabaja la fotografía como si fuera un escenario donde la identidad se ensaya, se corrige y se vuelve a ensayar. La iluminación refuerza esa sensación de artificio calculado. Los fondos neutros concentran la atención en la superficie de la escena, donde la piel, los tejidos y los objetos comparten el mismo grado de intensidad visual sin distracción.
Olaf habla de revelar lo oculto. Sus rostros, en cambio, están tan estilizados que de ellos casi emana la frialdad de un maniquí. En las series Muses y Squares, la vulnerabilidad queda eclipsada por la pose (en Cum, se autorretrata con el rostro cubierto de semen); en Mature, el cliché de la abuela en tacones y bikini de Chanel en la bici estática sobrepasa la parodia; en COC, las parejas de mismo sexo en blanco y negro se diluyen en la monotonía.
Solo en Jewish la pantomima cede un palmo ante la profundidad expresiva. En cualquier caso, frente a lo conceptual, se nota una ejecución técnicamente impecable. En un vídeo de veinte minutos aparece trabajando en medio del monte, donde muestra un pasaje de su práctica también fuera del estudio. Es ahí, al final del itinerario, donde se aprecia lo pegado que está su trabajo a referencias pictóricas clásicas que él mismo explica.
Si bien la muestra de este centro independiente dedicado a la fotografía contemporánea y el ensayo visual omite sus puestas en escena míticas para centrarse en los retratos, al hacerlo desnuda las debilidades del artista: la repetición de un mismo registro, la dependencia de un estilo de autor sin apenas profundidad. Los autorretratos sobre su enfermedad pulmonar podrían ser valientes, pero parecen el último acto de control de un fotógrafo que todo lo escenifica. Entre las imágenes finales, impacta la de un profesional sanitario con un pulmón sangrante en cada mano justo antes del trasplante del que Olaf no sobrevivió. «Muses» es, hasta en ese detalle, una exposición técnicamente impecable, controlada y coreografiada hasta la muerte.
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